Tras el viajero del tiempo
Sus impresiones de este viaje, convertidas en experiencia iniciática, quedaron recogidas en una serie de nueve cartas de viaje que, con el título “Desde mi celda”, se publican en “El Contemporáneo” en 1864. Reflejan, con magistral pincelada, los tipos costumbristas y la vida cotidiana del siglo XIX en un mundo alejado del trasiego de los tiempos.
En compañía de Bécquer, comenzaremos nuestras andanzas en Tudela, capital de la ribera de Navarra. Encontraremos a orillas del Ebro con una ciudad dinámica y abierta.
El viaje por tierras navarras y aragonesas comienza en el momento en que Bécquer desciende en Tudela del tren que le ha llevado allí desde Madrid. La describe como un “pueblo grande con ínfulas de ciudad”.
Entre culturas
Un recorrido por el casco antiguo, con un trazado típico de judería y plagado de riquezas arquitectónicas -como su
Catedral y
claustro, el
Palacio Decanal, las
Casas Señoriales del Almirante, los
Palacios del Marqués de San Adrián y del
Marqués de Huarte o El edificio
Castel Ruiz - nos hará entender que Tudela conserva intacto su carácter de crisol de culturas. Lo corroboraremos en
las Iglesias de la Magdalena,
de la Enseñanza,
de San Jorge el Real o
de San Nicolás. Una visita al
Museo de la Ciudad y al de
Arte Moderno Muñoz Sola terminará de darnos una visión más completa de esta ciudad privilegiada donde los recuerdos se funden con el presente.
Tudela es también un referente en el mundo gastronómico por la calidad de verduras y hortalizas, y el buen hacer de sus fogones. Bécquer tiene ocasión de comprobarlo y dedica un comentario a una posada con ribetes de fonda” donde almuerza. Se refería al Hostal Remigio, donde aún se recuerda el paso del poeta por el establecimiento con una placa conmemorativa.
Evocaciones medievales
Se despide de la ciudad en diligencia, no sin antes volver la vista para ver cómo “las torres de Tudela desaparecieron detrás de una loma bordada de viñas y olivares”, y se encamina a Tarazona.
Allí, Bécquer se adentra en un viaje imaginario a través de los siglos, en compañía de un laberinto de calles, blasones, casas solariegas y callejones con arcos que le recuerdan a Toledo. Podemos recorrerla e imaginarla como él la vio en su quinta carta de viaje, donde describe un destacado cuadro de costumbres aragonesas del siglo XIX. Sus proximidades le inspiran también su leyenda “Un lance pesado”, situada en la Venta del Sevillano.
Montado a lomos de una mula “como en los tiempos de la inquisición y el rey absoluto”, Bécquer recorre el camino entre Tarazona y el melancólico Valle de Veruela. Su estancia durante casi un año en “la época medieval” de Veruela, en la paz de su Monasterio cisterciense, le inspira parte de sus leyendas como la de la Virgen de Veruela, o la bruja de Trasmoz. La belleza de los parajes naturales y pintorescos del Moncayo le inspira los escenarios idóneos de sus leyendas “Los ojos verdes” y “El Gnomo”.
Escenarios de leyenda
Para culminar este itinerario literario por tierras de Navarra y Aragón, llegaremos a Fitero, cuyo balneario visitó Bécquer en 1861 en compañía de su esposa, Casta Esteban. Allí, la imaginación del poeta convierte la abadía cisterciense y los baños en el escenario de dos de sus leyendas más famosas: “El Miserere” y“La cueva de la mora”.
En este punto de nuestro recorrido, podremos disfrutar de magníficos paisajes y de una reposada visita al pasado en el
Monasterio de Fitero. Para terminar, aprovecharemos las cualidades curativas y relajantes de sus
baños termales, cuyas aguas se tomaban ya en la época romana.
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